Observatorio sobre Conflictos Socioambientales y Defensa de Activistas

Información sobre conflictos socioambientales en Jalisco, la defensa de activistas, y las luchas y resistencias por el territorio


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  • El costo hídrico del mundo digital: centros de datos, IA y el reto ambiental del agua

    Brandon Giovanni Veloz Lara

    Vivimos inmersos en una sociedad profundamente digitalizada, donde cada acción cotidiana —desde una simple búsqueda en internet hasta el uso intensivo de plataformas de inteligencia artificial (IA)— genera impactos invisibles pero tangibles en el entorno natural. Uno de los efectos más preocupantes de esta era digital es el consumo masivo de agua por parte de los centros de datos. A pesar de que se suele pensar en la tecnología como algo limpio e intangible, la infraestructura que permite la existencia de la “nube” demanda enormes cantidades de energía y agua. Esta problemática, aunque frecuentemente invisibilizada en el discurso tecnológico, es crítica en países como México, donde diversas regiones enfrentan una crisis hídrica estructural.

    El presente ensayo analiza el impacto hídrico de los centros de datos y de la inteligencia artificial desde una perspectiva ambiental y social. Se revisan cifras globales y nacionales, con especial énfasis en el caso de Querétaro, estado mexicano que se ha convertido en un nodo estratégico para la instalación de infraestructuras digitales. A lo largo del texto se integran evidencias científicas, periodísticas y técnicas que muestran cómo el modelo tecnológico actual reproduce prácticas de acaparamiento y uso desmedido del agua, lo que pone en riesgo el derecho humano al acceso a este recurso vital. Finalmente, se plantean alternativas sustentables y políticas públicas que pueden reducir el impacto ambiental de esta industria emergente.

    Tecnología digital y consumo ambiental: una paradoja moderna

    A lo largo de los últimos años, la sociedad ha abrazado la digitalización como sinónimo de progreso, eficiencia y sostenibilidad. Sin embargo, esta visión no ha sido del todo precisa. Como señala el investigador Mario Sánchez (2022):

    “el mito de la nube inmaterial ha permitido ocultar los costos ambientales del ecosistema digital, especialmente el uso energético y la demanda hídrica que requieren los centros de datos para operar”.

    Esta paradoja se sustenta en una narrativa tecnocentrista que disocia la infraestructura digital del entorno físico en el que se inserta.

    Los centros de datos son instalaciones físicas que almacenan, procesan y transmiten enormes volúmenes de información. Según el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2023), estos centros no solo consumen electricidad en grandes cantidades, sino que utilizan agua para enfriar sus servidores, muchas veces superando el uso diario de comunidades completas. Esta situación se agudiza en zonas con estrés hídrico, donde la disponibilidad del recurso es limitada. De esta forma, la infraestructura que sustenta la inteligencia artificial y otros servicios digitales se convierte en un actor ambiental relevante, aunque muchas veces ignorado en las políticas públicas y los análisis socioambientales.

    Centros de datos y volúmenes masivos de agua

    Los centros de datos utilizan agua, principalmente, para enfriar sus equipos. Este proceso puede implicar el uso de torres de enfriamiento que evaporan agua, lo cual no solo implica consumo directo, sino también pérdida de agua no recuperable. Según datos proporcionados por Francisco Degelo (2024), ejecutivo de la empresa Vertiv:

    “un centro de datos promedio puede consumir entre 3 y 5 millones de galones de agua al día, lo equivalente al consumo diario de una ciudad de 30,000 a 50,000 personas”.

    Google, por su parte, reconoció en un informe público que uno de sus centros de datos en Estados Unidos llega a utilizar hasta 1.7 millones de litros de agua por día (Zona Docs, 2024). Este consumo masivo se vuelve aún más grave si se considera que muchos de estos centros están ubicados en zonas semiáridas o con alta presión hídrica. A nivel nacional, en México, se estima que un centro de datos de solo 1 MW puede requerir hasta 22,500 m³ de agua al año, lo que equivale a siete piscinas olímpicas (La Crónica de Hoy, 2025).

    Este tipo de consumo no puede entenderse solo en términos técnicos. Debe considerarse su impacto en las comunidades locales, el equilibrio ecológico y el acceso equitativo al agua. La falta de regulación específica y la opacidad en torno al uso del recurso por parte de empresas tecnológicas ha llevado a una situación alarmante, donde los intereses económicos se imponen sobre los derechos fundamentales.

    La métrica WUE y el consumo indirecto de agua

    Una de las herramientas más utilizadas para medir el impacto hídrico de los centros de datos es la métrica conocida como WUE (Water Usage Effectiveness), la cual cuantifica los litros de agua usados por kilovatio-hora consumido por tecnología de información. El promedio global del WUE se sitúa en 1.8 L/kWh, aunque los centros de datos más eficientes alcanzan un índice de ≤ 0.2 L/kWh (MexicoIndustry, 2024). No obstante, estas cifras son solo una parte del panorama.

    El consumo indirecto de agua —es decir, el agua usada para generar la electricidad que alimenta los centros de datos— representa una fracción aún mayor del impacto ambiental. En países como México, donde la matriz energética depende en gran medida de plantas termoeléctricas que usan agua para enfriamiento, la huella hídrica se duplica. De acuerdo con el informe de Greenpeace (2024), “por cada kilovatio-hora generado en plantas térmicas, se requieren hasta 2 litros de agua, lo que incrementa considerablemente el impacto ambiental de las operaciones tecnológicas”.

    Este doble consumo —directo e indirecto— debe incluirse en cualquier análisis responsable del sector. La invisibilización del uso hídrico en los informes de sostenibilidad de las empresas tecnológicas contribuye a minimizar la percepción de su impacto ambiental y dificulta la implementación de políticas públicas efectivas.

     La inteligencia artificial como acelerador hídrico del siglo XXI

    El desarrollo y la expansión de la inteligencia artificial (IA) no solo ha transformado la economía, el trabajo y la cultura, sino que también ha intensificado la demanda de infraestructura digital. A diferencia de otras aplicaciones tecnológicas, los sistemas de IA requieren una enorme capacidad de cómputo, lo que implica un mayor consumo energético y, por ende, mayor uso de agua para refrigeración. Cada vez que se entrena un modelo de IA —como los algoritmos de lenguaje natural o de reconocimiento de imágenes— se consumen miles de horas de procesamiento, lo que se traduce en millones de litros de agua evaporada o utilizada.

    Según un estudio publicado por Greenpeace (2024), el uso global de agua para refrigeración de centros de datos alcanzó los 175 mil millones de litros en 2023. Esta cifra podría triplicarse para el año 2030 si el crecimiento de la IA mantiene su ritmo actual. En el caso mexicano, se ha documentado que empresas como Microsoft y Google aumentaron su consumo hídrico en 34 % y 20 %, respectivamente, al ampliar sus operaciones con IA en los últimos dos años (La Crónica de Hoy, 2025).

    Además, se ha detectado que los centros de IA se ubican frecuentemente en regiones con menor regulación ambiental y mayores incentivos económicos. Esta práctica, conocida como “dumping ambiental digital”, implica que las grandes empresas tecnológicas instalan sus infraestructuras en países del sur global donde la resistencia social es menor o la legislación más laxa. Así lo denuncian organizaciones como Agua.org.mx y Proyecto 10 (2025), quienes señalan que:

    “la expansión de centros de datos en México responde más a la ausencia de límites legales que a un verdadero interés por el desarrollo regional”.

    México frente a la nube: ¿innovación o saqueo hídrico?

    En el contexto nacional, México se ha convertido en uno de los destinos preferidos para la instalación de centros de datos por parte de grandes corporaciones tecnológicas. La ubicación geográfica estratégica, la conectividad, los costos relativamente bajos y la escasa regulación ambiental han hecho del país un terreno fértil para este tipo de inversiones. No obstante, esta situación ha generado tensiones importantes entre el desarrollo económico y la sustentabilidad ambiental.

    Según datos del medio El País (2025), Amazon Web Services (AWS) planea invertir más de 5,000 millones de dólares en la construcción de nuevos centros de datos en territorio mexicano durante los próximos años. Esta inversión, aunque celebrada por el sector empresarial, ha sido cuestionada por especialistas y defensores del medio ambiente, debido a la falta de información pública sobre el uso de agua y energía que estas instalaciones demandarán. En palabras de la periodista Andrea Gutiérrez (2024):

    “la política mexicana ha privilegiado el acceso de las grandes empresas a recursos hídricos, mientras millones de personas enfrentan cortes de agua y estrés hídrico permanente”.

    Además, el Plan Nacional Hídrico del gobierno mexicano, aunque reconoce la urgencia de frenar el acaparamiento de agua, aún no establece lineamientos específicos para industrias digitales como la de los centros de datos. Esto permite que muchas concesiones se otorguen sin un análisis de impacto ambiental adecuado ni participación de las comunidades locales. Tal como denuncian activistas del portal Agua.org.mx (2025):

    “los derechos de las empresas se garantizan por encima de los derechos de los pueblos a decidir sobre sus territorios y recursos”.

    El caso Querétaro: entre la sequía y la promesa tecnológica

    Querétaro representa uno de los ejemplos más paradigmáticos del modelo extractivista digital en México. En los últimos cinco años, este estado ha sido promovido como un “hub tecnológico” por excelencia, atrayendo a empresas como Microsoft, Ascenty y Equinix, que han instalado o planean instalar enormes centros de datos en su territorio. Esta apuesta por la tecnología, sin embargo, ha traído consigo múltiples conflictos socioambientales.

    De acuerdo con el medio Yahoo Noticias (2025), Microsoft solicitó una concesión de 25 millones de litros de agua anuales para operar su nuevo centro de datos en el municipio de Colón, lo que equivale al 25 % del total de agua concesionada en esa región. Mientras tanto, las comunidades aledañas enfrentan cortes frecuentes de agua potable y reportan que sus pozos tradicionales se han secado en los últimos años. El problema no es solo técnico, sino político: no existe una ley específica que regule el uso de agua por parte de la industria de centros de datos, y las decisiones suelen tomarse sin consulta previa a las poblaciones afectadas.

    Además, las promesas de empleo que justifican estas inversiones tecnológicas suelen no cumplirse. Por ejemplo, la empresa Ascenty aseguró que generaría 100 empleos permanentes en Querétaro, pero hasta la fecha solo ha contratado a 17 personas (TIGMX, 2025). Esta disparidad entre el discurso de desarrollo y los efectos reales en la comunidad ha sido interpretada por organizaciones locales como un ejemplo más de colonialismo digital: se extraen recursos naturales sin dejar beneficios sociales proporcionales.

    Como apunta el sociólogo Fernando Ramírez (2025):

    “el caso Querétaro no solo revela una contradicción entre tecnología y ecología, sino también una desigualdad estructural que privilegia los intereses de las grandes corporaciones por encima de las necesidades básicas de las comunidades”.

    Riesgos sociales, ambientales y regulatorios en México

    El crecimiento acelerado de la infraestructura digital en México —en especial los centros de datos y las instalaciones vinculadas a la inteligencia artificial— ha desatado una serie de riesgos que van más allá del consumo de agua. Estos riesgos abarcan impactos sociales, daños ambientales irreversibles y una profunda debilidad regulatoria que impide hacer frente a los desafíos de forma eficaz. México, al carecer de una legislación robusta en materia de tecnología, uso hídrico industrial y protección ambiental vinculada al sector digital, se enfrenta a una encrucijada: o regula proactivamente este fenómeno o permite que el país se convierta en una zona de sacrificio digital.

    Uno de los riesgos más graves es el desplazamiento de comunidades y la reducción del acceso al agua para consumo humano. Tal como advierte el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria (2025), “la concesión indiscriminada de recursos hídricos a empresas tecnológicas no considera los derechos prioritarios de los pueblos originarios ni de las zonas rurales”. Este fenómeno ha sido registrado en regiones como el Bajío, donde poblaciones completas reportan haber tenido que cambiar sus hábitos agrícolas o migrar debido a la escasez de agua.

    Desde el punto de vista ambiental, también se ha reportado contaminación de cuerpos de agua, agotamiento de acuíferos y afectaciones a la biodiversidad en zonas cercanas a centros de datos. El problema se agrava debido a la ausencia de mecanismos de evaluación de impacto ambiental adecuados y al hecho de que muchas operaciones son clasificadas como “infraestructura estratégica”, lo que les permite omitir ciertos procesos de consulta y vigilancia ciudadana.

    Por si fuera poco, la legislación mexicana no contempla de forma clara la regulación de industrias tecnológicas en materia hídrica. De acuerdo con el informe Proyecto 10 (2025), “hasta mediados de 2025, no existe una ley específica que regule el uso del agua en centros de datos, ni disposiciones en la Ley de Aguas Nacionales que contemplen esta industria como un usuario diferenciado”. Esta laguna jurídica es aprovechada por las empresas para solicitar concesiones a largo plazo, muchas veces sin transparentar públicamente sus volúmenes de consumo.

    Alternativas tecnológicas sustentables: ¿es posible una IA verde?

    Frente al preocupante panorama ambiental que deja la expansión de los centros de datos, surge una pregunta clave: ¿es posible una infraestructura digital verdaderamente sustentable? Aunque el modelo actual de la industria tiende al extractivismo, existen alternativas tecnológicas que podrían disminuir drásticamente el impacto hídrico, si se aplicaran con voluntad política y responsabilidad empresarial.

    Uno de los métodos más prometedores es el uso de sistemas de enfriamiento en circuito cerrado, que reciclan el agua dentro del sistema sin necesidad de usar constantemente agua fresca. Según el medio El Financiero (2024), estas tecnologías pueden ahorrar millones de litros de agua al año, e incluso operar en zonas áridas sin comprometer fuentes externas. Otra opción es la refrigeración por aire o “free cooling”, que utiliza la temperatura ambiental para enfriar los servidores, reduciendo tanto el uso de agua como de energía.

    Un caso emblemático es el de Microsoft en España, que ha desarrollado un modelo de centro de datos basado en refrigeración líquida sin evaporación y en el compromiso de devolver más agua de la que consume para el año 2030 (Cinco Días, 2025). Esta estrategia, conocida como “agua positiva”, representa un cambio de paradigma, aunque su implementación sigue siendo limitada a regiones con mayor presión ambiental y regulatoria.

    También existen iniciativas para usar fuentes alternativas como la energía geotérmica o solar para alimentar los sistemas de enfriamiento, lo que reduce el consumo indirecto de agua. Además, algunas ciudades han comenzado a integrar políticas de reutilización de aguas grises en las operaciones tecnológicas, una medida que podría replicarse en zonas urbanas de México.

    Sin embargo, la implementación de estas soluciones tecnológicas enfrenta obstáculos políticos y económicos. Tal como advierte la investigadora Adriana Esquivel (2025), “la eficiencia hídrica no es una prioridad para la industria tecnológica en contextos donde el agua sigue siendo barata, abundante o fácilmente concesionable”.

    Propuestas de mitigación y políticas públicas necesarias

    Frente a la evidencia presentada, resulta urgente diseñar e implementar políticas públicas que garanticen un equilibrio entre el desarrollo tecnológico y la sostenibilidad hídrica. La primera medida necesaria es la creación de un marco legal específico para la industria de centros de datos, en el cual se establezcan límites al uso del agua, criterios de sustentabilidad y mecanismos de transparencia obligatorios. Esta legislación debería contemplar evaluaciones de impacto hídrico previas a la instalación de cualquier centro de datos, con participación comunitaria vinculante.

    En segundo lugar, es vital incorporar la métrica WUE en los informes anuales de sostenibilidad de las empresas, haciendo público el volumen de agua usado, reciclado y devuelto al ambiente. Estos datos deben ser auditados por organismos independientes, tal como ocurre en otras industrias de alto impacto como la minería o la producción energética.

    Otra política clave sería incentivar fiscalmente el uso de tecnologías de refrigeración sustentables, incluyendo la eliminación gradual del uso de torres de enfriamiento abiertas en zonas de alto estrés hídrico. El Estado mexicano podría establecer un sistema de certificaciones de “infraestructura hídrica responsable” que premie a las empresas que reduzcan o eliminen su huella hídrica.

    Además, se requiere fortalecer los mecanismos de justicia ambiental, garantizando que las comunidades cercanas a centros de datos puedan acceder a información pública, participar en procesos de consulta previa, y exigir reparaciones cuando sus derechos sean vulnerados. Como señala el activista Julián Muñoz (2025):

    “la IA no debe ser una excusa para repetir los errores del pasado, donde el progreso se construyó sobre la devastación de los territorios”.

    Conclusión

    El avance de la inteligencia artificial y de las infraestructuras digitales representa uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. Aunque muchas veces se presenta como una industria “limpia”, la realidad es que los centros de datos requieren enormes volúmenes de agua para operar, lo que genera graves impactos en zonas vulnerables. En países como México, esta situación se agrava por la falta de regulación, la escasa transparencia y el desinterés gubernamental por los efectos sociales del extractivismo digital.

    Querétaro simboliza el conflicto entre desarrollo e injusticia ambiental: grandes corporaciones acceden a concesiones millonarias de agua mientras las comunidades enfrentan sequía, escasez y desplazamiento. La tecnología, en lugar de aliviar las desigualdades, las está reproduciendo en nuevas formas. Sin embargo, también existen caminos alternativos. La adopción de tecnologías de enfriamiento sustentables, el uso de métricas públicas como el WUE, y una legislación ambiental específica podrían transformar el modelo actual hacia una infraestructura digital verdaderamente sostenible.

    La transición hacia una “IA verde” no es una opción, sino una necesidad urgente. México tiene la oportunidad de convertirse en un referente regional si apuesta por una política pública que combine innovación tecnológica, justicia hídrica y derechos humanos. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en el basurero hídrico de la era digital.

    Bibliografía 

    Imágenes:

  • Agroecología para la vida autónoma: “filosofía para la acción”

    Agroecología para la vida autónoma: “filosofía para la acción”
    Este jueves 18 de abril, en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara, la Cátedra Jorge Alonso dio inicio al seminario “Saberes para otros mundos posibles” que finalizó el sábado 20 en el malecón de la comunidad indígena coca de Mezcala. En la mesa que duró aproximadamente dos horas participaron defensoras y defensores de la comunidad de Mezcala y otros espacios como el Comité en Defensa del bosque El Nixticuil. Presentaron la licenciatura en Agroecología para la Universidad de Mexcala, un proyecto a desarrollar en territorio recuperado tras años de lucha que próximamente abrirá sus puertas a estudiantes con interés genuino en la contribución de la autonomía de los pueblos y la recuperación del territorio. En el espacio de diálogo se respondieron varias preguntas respecto a la inesperada búsqueda de alternativas ecológicas al glifosato.

    Tema: Mesa de diálogo acerca de la siembra, el rescate de los saberes y presentación de la licenciatura en Agroecología de la Universidad de Mexcala.

    Saberes de la Tierra: otras agroecologías para la vida y la autonomía.

    La mesa moderada por Hugo Iván Sánchez Nava, integrante de Tierras Milperas (California, Estados Unidos), fue estructurada con preguntas sobre el arraigo a la tierra y su importancia, la importancia de sembrar alimentos y los saberes que debería fomentar la universidad. Comenzaron con las presentaciones en las que mencionaron la historia de origen del colectivo del que forman parte y en ese orden dieron respuesta a las preguntas:

    • Adrián G. Hipólito Hernández (Comité en Defensa del Bosque El Nixticuil)
    • María González (Comunidad coca de Mezcala)
    • Ezequiel Macías (Red de Alternativas Sustentables Agropecuarias, Juanacatlán)
    • Eliodoro Martínez (Tierras Milperas, California)

    https://fb.watch/rCyaMP5WcJ

    ¿Por qué resulta vital arraigarse a la tierra?

    Adrián Hernández compartió que la historia del Comité es la de la defensa del bosque El Nixticuil contra inmobiliarias y proyectos del estado que han reducido significativamente su extensión, que alguna vez fue muy semejante al de La Primavera, alrededor de 30 mil hectáreas. El comité nació de la organización que tuvieron hace 20 años mujeres de la zona y tiene como actividades centrales el monitoreo, control de incendios en la prevención con guardarrayas, la recolección de semillas del propio bosque para la reforestación, movilizaciones y defensa legal.

    «Por experiencia, sin vínculo no es posible resistir», explicó Adrián, para quien es necesario sentir arraigo con el territorio fuera del sentido de posesión y esto es especialmente difícil en contextos despojados de memoria como la ciudad, es decir, sin un vínculo fuerte y heredado como ocurre en algunas comunidades.
    Para garantizar la defensa des necesaria la perspectiva del común, que requiere de organización y de tejer relaciones con el bosque, sus ciclos, con los animales, los seres vegetales y compañerxs de lucha. Adrián resalta al amor por el territorio como punto de convergencia de los sentimientos de arraigo y explica:

    “Es parte del lenguaje de abajo, que pertenece a las luchas y que resulta incomprensible para los tecnócratas, para la clase política». «Luego pensamos: ¿cómo van a entender esos políticos que con la pluma autorizan talar un bosque, que la comunidad de robles pequeños que quieren destruir, tienen 15 años que han sobrevivido, que los cuidaste en el vivero regándolos casi a diario, los cuidaste de plagas, del ganado, los cuidaste otros trece años en el monte? ¿Cómo van a entender la relación con la laguna, con el río, con la isla?”, Adrián Hernández.

    Por su parte, María González explicó que para quienes forman parte de la comunidad coca de Mezcala «la tierra es todo».

    «Para nosotros la tierra es todo. La mayoría de las personas se dedican a la siembra del chayote, calabaza, maíz. Vivimos en la orilla de la laguna de Chapala, también somos pescadores. Si Mezcala pierde sus tierras, muere toda nuestra cultura, pues vivimos de lo que la tierra y la laguna nos dan. Si Mezcala pierde sus tierras pierde todo, nos quedamos sin nada. Los jóvenes van a perder todo lo que queremos que ellos aprendan. Si Mezcala deja que el gobierno haga lo que quiera con el pueblo, el gobierno va a desbaratar Mezcala. Llega el narcotráfico y a la mayoría de los jóvenes los va a involucrar en sus vicios, los va a llevar, los va a perder y toda la transición de Mezcala se va a perder. Si dejamos a Mezcala, Mezcala muere para todos», María González. 

    Ezequiel Macías se presentó hablando de la herencia de siembra que tuvo de su padre y abuelo. El haber nacido en el campo, en “el surco” -dijo él-, le dejó ver claramente el gravísimo daño que en múltiples dimensiones trajeron los monocultivos. Mencionaba que la llegada de las maquinarias agrícolas cambió la vida en el valle, el “rompimiento social” que causó la llegada del primer tractor que desplazó a los trabajadores y la dependencia a las condiciones del comprador que genera producir un sólo cultivo. El valle en el que se ubica Mezcala, va desde Juanacatlán hasta La Barca y sobre el río Santiago, por ello el estado les posicionó como una zona de alta producción, proveyéndoles de maquinaria y semillas mejoradas para aumentar la producción.

    «En el concepto indígena, ancestral, campesino, se le considera una madre proveedora de alimentos, comparte con las comunidades su sabiduría social del territorio, el sol, la luna, el fuego, el agua, el aire. Como parte de una estructura de vida cotidiana para tomar las destrezas y prácticas que dieron rumbo a las civilizaciones formando a la memoria del compartir y el hacer. Cuando las comunidades salen de sus lugares de origen por las razones que conocemos y que nos pesa, el mejor abrazo que recibe nuestro cuerpo es cuando ves la montaña, el valle, el lago, el sol que aparece y desaparece en el mismo lugar. Respirar el aire con aroma a flor de campo y ver que la tormenta se aproxima en el horizonte. Estos son los principios que jamás se tienen que olvidar para hacer la resistencia en el territorio y nuevas formas de vida», Ezequiel Macías.

    Eliodoro Martínez es de Michoacán pero radica en California, Estados Unidos. Trabaja en la siembra de fresas y moras pero fuera del trabajo disfruta con sus compañeros de sembrar  jitomates, chiles, frijoles o cebollas en “el jardín o parcelitas” espacio al parecer facilitado por la misma empresa. Cuenta que posterior a facilitarles el espacio quisieron imponerles siembra de flores y otras especies por las que realmente no estaban interesados y así fue que se organizaron con Tierras Milperas, para seguir sembrando y conviviendo con el interés de cuidar su alimentación, compartir saberes y costumbres con sus familias y tener un espacio seguro que les hace sentir como en México.

    Hugo Sánchez compartió que tras haber conseguido un acre para sembrar en la comunidad de California, en Estados Unidos, tuvieron que sobreponerse a comentarios xenófobos y racistas, que replicaban el discurso del expresidente Donald Trump, y que fue impuesta por una administración nueva de la iglesia cercana. Aprovechando el apoyo de los medios y otros esfuerzos, Tierras Milperas consiguió tener 4 acres para la siembra, en los que no utilizan venenos químicos, por lo que también van contracorriente a las nuevas tecnologías que imperan en el país.

    «El modelo de economía y nación en Estados Unidos está diseñado para abarcar el planeta. Con los últimos conflictos de Israel y Palestina creo que se ve más claro que la OTAN es como el policía, la salvaguarda del sistema neoliberal capitalista y que como decía don Ezequiel, finalmente ellos son los que dictan cuánto vale nuestro grano que hemos sembrado por miles de años. Y ahí es cuando vemos que esto de la justicia parece algo que se le deja a las nuevas generaciones, y está en sus manos continuar con un proyecto comunitario o continuar con un proyecto económico que nunca ha obedecido a los pueblos del sur y que ha sido diseñado para explotar, para que la esclavitud no se termine, contaminar las tierras y de más».

    «Sabemos el daño que producen, eso es solo la muerte para darle dinero al mercado. Algunas de esas tecnologías son tecnologías de guerra. El agente naranja que se utilizó en la guerra de Vietnam se utilizó después como agroquímico sintetizándolo, entonces definitivamente decimos que no aunque sean extremadamente efectivos, sí matan, pero matan incluso al ser humano. Esto es global, el sistema económico es diseñado en Europa para el beneficio de unos bancos y esos son los que han controlado los precios de las semillas del planeta. Ellos son los racistas, son familias de miles de años que solamente están pensando cómo seguir en el poder y cómo erradicar a los pueblos del sur», Hugo Sánchez.

    ¿Qué sentido tiene sembrar alimentos?

    Adrián Hernández comparte que en el Comité Salvabosque, más que alimento directamente para humanos, tiene una iniciativa colectiva de trabajo de reproducción de árboles y flora nativa del bosque El Nixticuil como alimento y casa para los animales principalmente.

    «Por estas dos décadas hemos sembrado árboles y también otras formas de vida que ayudan al bosque a irse regenerando sobre todo en espacios que han sido devastados por el gobierno y las inmobiliarias y obviamente también con un sentido político para bloquear y recuperar estos espacios que son amenazados por la urbanización», Adrián Hernández.

    Algunos sentidos importantes que atribuye a la siembra de árboles y flora nativa son, crear un espacio de autonomía para la reproducción de la vida, tratar de generar colectivo o por lo menos desafiar el egoísmo interiorizado de la ciudad.

    Por su parte, María González asegura que cuando las personas siembran sus propios alimentos viven más felices, como es su caso al sembrar cilantro, cebolla, chayote, frijol o maíz.

    «A lo mejor no tenemos un trabajo pero el simple hecho de ser dueños de nuestras tierras nos permite vivir dignamente y tener comida en la casa, por eso es muy importante sembrar lo que nosotros comemos o lo que más utilizamos, para saber que es lo que estamos comiendo porque si lo sembramos no les vamos a poner químicos, le vamos a poner de nuestra propia tierra para que crezcan naturalmente y no nos enfermemos de tantas cosas que hay ahorita como el diabetes o el cáncer», María González.

    Para Ezequiel Macías, el sentido de sembrar los propios alimentos es justo la reconstrucción de esa autonomía alimentaria colectiva. Para hacerle frente a la agroindustria han tenido encuentros con otros pueblos, han hecho un rescate de la siembra, de las técnicas y semillas nativas. Explica que “preparar la tierra” y cuidar de las semillas, tiene sentido social, político y cultural relacionado con la luna y sus ciclos.

    «Compartirlo año con año nos da el conocimiento y las capacidades para seguir trabajando. Apropiarte del espacio y de las herramientas es muy interesante y generar toda una estructura social de plantas que vas a consumir en el año porque a partir de que haces una agricultura industrial pierdes totalmente esa capacidad auto alimentaria y al ser un cuerpo débil, desmineralizado, vienen las consecuencias que ya estamos conociendo», Ezequiel Macías.

    Hugo Sánchez complementa la información del rescate de semillas con un dato sobre la Comisión Federal para la Prevención contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), que constantemente cambia el nombre de las plantas medicinales para que las comunidades pierdan información. Y comparte que en Estados Unidos los únicos sectores que no reciben pago por horas extras son los de limpieza doméstica y el sector campesino.

    «Eso nos habla del racismo que hay en este sistema económico hacia los pueblos del sur cuando tenemos oportunidad de ocupar estos espacios», Hugo Sánchez.

    ¿Cuál sería la formación agroecológica que debe proporcionar la Universidad de Mexcala? ¿Qué saberes deberían fomentar?

    Adrián Hernández reunió las perspectivas de las personas involucradas en la planificación de la universidad de Mezcala, miembros de organizaciones, movimientos y personas con intenciones afines a la agroecología, que tras varios años han coincidido en:

    1. Autonomía alimentaria, no soberanía
      Que permita formar con la capacidad de dar autonomía alimentaria a los pueblos. Que sea capaz de lidiar y confrontar las posturas de la agroindustria y el consumo capitalista.
    2. Agroecología transterritorial
      Lo que se ha planteado por los compañeros que se han visto obligados a migrar, que agrupan gente de muchas partes y siguen sembrando en otros territorios, manteniendo las relaciones con la tierra, con sus alimentos y la comunidad.
    3. Perspectiva antipatriarcal. Saberes de las mujeres como guía.
      Todos los aspectos de la licenciatura en Agroecología y de la Universidad de Mexcala deberían estar presentes y atravesados por la mujer y sus luchas, atravesados por el cómo las mujeres han sostenido históricamente la defensa del territorio. Se quiere construir una agroecología en la que las mujeres estén adelante, no solo en términos de su ingreso sino en los contenidos teóricos y prácticos, en la literatura y discusiones.
    4. Política del arraigo y saberes atravesados por la raza.
      Se apuesta por el arraigo a la tierra con el respeto e incentivo a la permanencia en el territorio.
    5. Buena alimentación.
      Es fundamental para la reconstitución las comunidades, la buena alimentación y con ella el cuidado de la salud.

    «Hace algunos años platicábamos con Don Ezequiel Macías en Juanacatlán, nos compartía que cuando se hace la milpa siempre hay que producir no solo para nosotros, refiriéndose a la comunidad humana, sino que también hay que sembrar para los otros seres vivos del territorio… Creo que esta forma de mirar al mundo, de saberes campesinos e indígenas, de cuidado de la tierra, es uno de los saberes por los que se está apostando en la Universidad de Mexcala», Adrián Hernández.

    Adrián finaliza sus aportaciones resaltando que el esfuerzo que se está realizando la universidad se extiende a lxs jóvenes de los pueblos indígenas de la región, un esfuerzo colectivo que reivindique su historia con los territorios y memorias de lucha por defenderlo. Un espacio de agroecología que trascienda la figura de la academia, con una postura centrada en la defensa del territorio y construida en gran parte desde los saberes indígenas y campesinos, de práctica constante fuera del campo discursivo que funcione como una filosofía para la acción.

    María González resaltó la importancia de transmitir el conocimiento a los jóvenes para que consigan, como en su caso, la autonomía de sembrar y cuidar: “ya no tenemos patrones”. Añadió ejemplos específicos de actividades que esperan realizar con los próximos alumnos de la Universidad de Mexcala, como el cuidado de los animales, de los árboles y reforestación o mantenimiento para la laguna de Chapala. Eliodoro Martínez reiteró la importancia de compartir los conocimientos y de ser “un sólo cuerpo” que contribuya a su comunidad. Hugo Sánchez habló del reto de las generaciones antiguas para intentar que lxs jóvenes resistan a las formas de occidente y consigan este arraigo con la comunidad, por la destrucción de la mayor parte del planeta.

    Ezequiel Macías planteó un perfil de egreso a la universidad que va de un compromiso serio, consciente y respetuoso de la madre tierra. Que sea proveedor de proyectos de vida, comunitarios, sociales, políticos, culturales, económicos, que abra espacios y no esté a la espera de una contratación. “No queremos un profesional más que vaya a ser una carga, ni para su familia ni para la comunidad”. Resalta la importancia de que lxs estudiantes lleven un conocimiento teórico y práctico desde el inicio: «en 40 días tendrían que tener alimento propio y para el personal administrativo de la universidad». Espera que al egresar tengan pleno conocimiento de elaboración de composta, de hacer abono foliar, reconocer enfermedades de las plantas y problemáticas nutricionales en plantas, suelo, animales o personas. Que tenga el conocimiento de la parcela en su totalidad, para cuidar la erosión del suelo y a las especies nativas.

    Hugo Sánchez cerró las participaciones con el planteamiento del conocimiento campesino como la más alta jerarquía, ya que «la agricultura precede a la cultura», y especialmente porque sólo con este conocimiento el planeta puede continuar.

    El reto frente al glifosato

    En la ronda de comentarios hubo felicitaciones, admiración por la labor, solidaridad y palabras de aliento frente a la espera de la inauguración de la Universidad de Mexcala. Un egresado del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) comentó la incongruencia actual de que dicho campus no sea autosuficiente, pese a la amplia extensión de tierras que tiene. «que tiene: «Si están enseñando a sembrar a sus estudiantes, pues que se reflejara, ligándolo con la gastronomía y para la alimentación sana. Porque, por ejemplo, aquí a las berries hasta en las esquinas las venden y hay gente que las prefiere y desdeña los capulines, el camote del cerro u otros tipos de alimentos porque quieren cambiar de estilo de vida. En ese sentido sería muy importante la recuperación de las variedades silvestres», comentó.

    En seguida, se escuchó un comentario referente al herbicida glifosato, preocupado porque el gobierno declara que no existe una alternativa para ello y argumentando además que todo lo planteado respecto de las prácticas agroecológicas funcionan a pequeña escala.
    Ezequiel Macías, habló del glifosato como uno de los contaminantes más agresivos y que como alternativa podría utilizarse el tractor para hacer un deshierbe, pero no es conveniente hacer uno total, pues debería hacerse una selección de hierbas nativas para que sean complemento de lo que se piense sembrar. Habló de producciones masivas de alimento que no sirven para consumo humano o animal, una comercialización absurda de venenos. Y que la raíz de las problemáticas de los campesinos que no se mantienen de la siembra, no está en el volumen de producción sino en la base del sistema capitalista, en el que el campesino no debe ganar un peso.

    «Y la otra es la pata que tenemos encima, que no nos dejan ser comercializadores quieren que seamos peones del sistema», Ezequiel Macías.

    Además compartió que el cultivo alterado que genera gran rendimiento en realidad produce alimentos de pésima calidad, y que el veneno en ellos los vuelve incluso de alta peligrosidad para la engorda “y esa es la calidad de lo que estamos comiendo”. “Falta trabajo y mucho conocimiento. Ahorita no hay campesinos, hay viejos de 80 ó 90 años rentando las tierras para que un rentero llegue y te diga ‘voy a meter gente’.

    «Ellos lo que quieren es el rendimiento y lo que estás haciendo es matar la tierra, y matar la tierra es matarte a ti, matar el territorio. Nos falta mucho diálogo de lo que podemos hacer si queremos vivir en este planeta todavía».
    «En las zonas cañeras la mayor parte de las personas orinan el glifosato y eso es la garantía de que a su temprana edad, muchas de esas personas se van a morir y de dónde cabrones van a ganar un peso si no lo tienen, porque el precio de la caña es un pinche precio que no sirve de nada sujeto a los industriales y al estado, amigo aquí lo que falta es una pinche revolución de conciencias pero no hay personas que quieran estar en el campo, el padre mandó a sus hijos a estudiar, los mandó a Estados Unidos, se fue porque no se puede, porque hace falta mucho por hacer pero si no lo hacemos ustedes y nosotros, nadie lo va a hacer, eso que nos quede de tarea», Ezequiel Macías.

    Pese a la amplia explicación de Ezequiel, la insistencia del autodenominado “abogado del diablo” por encontrar un suplente al glifosato, obtuvo una respuesta entre el público, de quien minutos antes había propuesto la siembra y rescate de especies nativas para CUCBA:

    «Sí hay algunas soluciones planteadas para contrarrestar el uso del glifosato. En la página del CONAHCyT hay una serie de boletines a los que no se les ha dado suficiente difusión, porque claro las compañías que producen estos venenos son las mismas que producen semillas mejoradas. Pero sí hay, dependiendo de los tipos de cultivos y las regiones. Si estamos hablando de los grandes valles de Culiacán, ahí lo que tiene que hacer es rotación de cultivos, porque cada cultivo tiene sus propias plagas y no es lo mismo sembrar en primavera, en verano o en otoño. Y hay muchas prácticas, de cobertura con plásticos, control con fuego y sobre todo controlar el banco de semillas que hay en los suelos. Pero mientras no cambie la idea en la agricultura que se sigue actualmente, el problema se va a venir para el 2050, pues precisamente la agricultura industrial en lugar de parar las hambrunas que hay a nivel mundial, está complicando las cosas con estos químicos que está lanzando al ambiente», asistente.

    Compartió que el propósito de la agroecología de producir alimento sin dañar el ambiente es el que se debería buscar.

    Hugo Sánchez compartió que algunos componentes de la canela están siendo estudiados para funcionar como herbicida y Ezequiel Macías agregó que los herbicidas le parecen innecesarios pero algo que puede matar efectivamente a las “buenezas”, como llama a las mal denominadas “malezas”, es la Coca-Cola.

    Visita al huerto universitario

    Después del fuerte intercambio de experiencias, concluyó la mesa con algunas risas, y tanto asistentes como participantes de la mesa, en grupo, caminamos al huerto universitario del CUCSH: un espacio en rehabilitación que en sólo un semestre ha reunido muchos esfuerzos y han encaminado a transformarlo en un “parque laboratorio”.

    Actualmente pertenece a la Red de Huertos Universitarios “RHUGE” y sus integrantes (profesores, estudiantes y egresados) buscan que sea un espacio de comunidad en el que los tintes políticos no les estorben y quienes decidan apoyar lo hagan voluntariamente, pertenezca o no a la institución.

    Los ponentes compartieron su sabiduría respecto de los árboles, las plantas, la tierra y el agua. Ezequiel Macías reconoció la labor de lxs compañerxs del huerto, a pesar de las malas condiciones en las que recibieron el espacio. A simple vista detectó un árbol enfermo, de un «cáncer» y mencionó que las enfermedades coinciden para plantas, animales y personas porque nos nutrimos de la tierra, estamos conectados; pero al mismo tiempo, dijo, de todos los seres, somos los humanos los más alejados de esa sabiduría. Ezequiel, detectó energéticamente el mejor espacio para situar un pozo de agua, algo a lo que podríamos ser sensibles de tener verdadero contacto con la tierra, empezando por el pleno conocimiento de nuestros alimentos, asegura.

    Desde el Observatorio Sobre Conflictos Ambientales y Defensa de Activistas seguiremos pendientes del huerto y de la licenciatura en Agroecología. Esperamos que a ambas iniciativas lleguen personas con el corazón orientado hacia la tierra, que se nutran recíprocamente y con fuerza y continúen inspirando proyectos para la vida.

    1. Consuelo Sarahí Checa Navarro. Estudiante de Sociología en la Universidad de Guadalajara e integrante del Observatorio sobre Conflictos Socioambientales y Defensa de Activistas. Correo: checasarahi@gmail.com ↩︎

  • ‘Sin naturaleza no hay cuerpos y sin cuerpos no puede haber exigencia’: Red de Defensoras de Jalisco

    ‘Sin naturaleza no hay cuerpos y sin cuerpos no puede haber exigencia’: Red de Defensoras de Jalisco

    Mujeres de la Red de Defensoras de Jalisco denuncian las condiciones en las que se encuentran actualmente sus territorios en resistencia y la violencia que reciben de poderes fácticos. Demandan que se tome acción inmediata para frenar las amenazas y atender los daños. 

    Compañeras de lucha habitantes de Santa Cruz de Las Flores (Tlajomulco), Atoyac, Hostotipaquillo, Ciudad Guzmán, El Salto, Juanacatlán y Tala,  alzaron la voz representando a los elementos de vida: aire, tierra y agua. Y recordando también a los seres vivos del mismo ecosistema que habitamos.

    En el marco del 8M la Red de Defensoras de Jalisco como parte de su campaña “Mujeres y Justicia por nuestros cuerpos y Territorios” organizó una rueda de prensa y la elaboración del Altar de la Justicia y la Dignidad el pasado lunes 5 de marzo, en el mercadito Flor de Luna en Santa Tere. Compartieron el panorama de despojo existe en todos los municipios del estado y alrededores. Denunciaron la persistencia extractivista que llaman “agricultura de muerte” y presentaron sus alternativas de acción en resistencia bajo el nombre “política de la esperanza”. Entre las mujeres que conforman esta Red de Defensoras de Jalisco desde el 2015, se encuentran quienes en sus pueblos continúan con sus prácticas agroecológicas, quienes en las ciudades resisten con farmacias vivientes o huertos urbanos y que también traen sus cosechas y productos al mercadito Flor de Luna.

    AIRE

    El primer pronunciamiento fue de las compañeras de Santa Cruz de las Flores, en defensa del aire, denunciando la contaminación excesiva que ocasionan empresas como Fefermex, Cemex, Pisa, Industrial Park, Grupo Avant Park, Espaco Comcenters, la empresa (ANSA) ó Agroservicios Nacionales (con dos bodegas dentro del Condominio Industrial Santa Cruz), responsable de incendios en abril y junio del 2023, Industria Real, Galvatek, Perfometal (y sus descargas en fuentes subterráneas), Calidra, Disosa (formuladora matriz de compuestos químicos), Ducoragro y CORTEVA Agriscience.

    Denuncian también a “los corredores industriales construidos sin consulta, permiso ni consentimiento de los pueblos. Las enormes granjas avícolas y equinas dentro de los pueblos del Antiguo Valle de Xuchitlán, a las inmobiliarias comerciales “Vista Sur”, “Senderos de Monteverde” que venden fraccionamientos desmontando bosques y robando manantiales engañando a personas con la venta de casas sin infraestructura y servicios públicos” según describen en su pronunciamiento este es el contundente cierre.

    LLAMADO DE EMERGENCIA DESDE LOS CUERPOS DE LAS MUJERES:

    1. Alto a las empresas que bajo el cobijo de impunidad de un sello como “empresas socialmente responsable”, se asientan y trabajan productos altamente tóxicos para l@s obrer@s y habitantes del Antiguo Valle de Xuchitlán, afectando de manera grave a abuel@s, mujeres, mujeres embarazadas, niñas y niños.
    2. Alto a las empresas Disosa, Fefermex, CEMEX, que arrojan al aire gases, humos partículas por sus chimeneas que nos mantiene enfermos a los pueblos, y cínicamente colocan lonas con leyendas que el humo que sale es “vapor de agua».
    3. Alto a las inmobiliarias habitacionales del comercio voraz que desmonta, arranca capa vegetal, desvía cauces de arroyos, el robo de nuestros manantiales, y el engaño al imaginario colectivo al ofrecer como mercancías nuestro bosque subtropical caducifolio templado y quercus del Cerro de Totoltepec y sin infraestructura de servicios básicos.
    4. Alto a la escalada de camiones de carga pesada, tráiler de doble caja, camiones de transporte de personal, que mantienen sitiado nuestros pueblos, con ruidos enloquecedores, circulan por nuestros caminos que nos comunican, responsables de atropellamientos que han cegado la vida de muchas personas, como el caso de Hugo, ocurrido el martes 16 de enero, en el camino vecinal a Tala, renombrado como circuito metropolitano sur.

    «EXIGIMOS JUSTICIA Y RESPETO IRRESTRICTO DE NUESTROS CUERPOS Y VIDAS Y DE LOS SERES VIVOS NO HUMANOS CON QUIENES COMPARTIMOS EL AIRE, AGUA Y TIERRA»

    Red de Defensoras de Jalisco

    Exigieron:

    1. Nos acogemos y adscribimos a las medidas cautelares de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ).
    2. Se realicen a la brevedad estudios epidemiológicos a la población de Santa Cruz de las Flores.
    3. Análisis que informen de las características físicas, químicas, biológicas y radiológicas del agua de los tres pozos que nos abastecen para conocer la calidad del agua de consumo humano en Santa Cruz de las Flores.
    4. Documentos técnicos que sustenten los cambios de uso de suelo en nuestra cuenca Santa Cruz de las Flores, El Malvaste, Totoltepec, Humedal de “La Playa”.
    5. Estudio de Manifestación de Impacto Ambiental y las autorizaciones correspondientes.
    6. La consulta pública, la difusión y publicación en el Diario Oficial de la Federación.

    “POR LA DEFENSA DEL AIRE, EL AGUA, LA TIERRA Y LA VIDA DIGNA DE LAS NIÑAS y NIÑOS, ADOLESCENTES, MUJERES Y HOMBRES DEL ANTIGUO VALLE DE XUCHITLAN”

    Red de Defensoras de Jalisco

    Las compañeras de Atoyac, Araceli y Coco, compartieron desde su experiencia cotidiana un sentir nostálgico. Araceli como apicultora habló de la devastación que sufre su territorio a causa de los monocultivos como el agave y el aguacate, y cómo se ven reflejadas en el agua contaminada, los cerros deforestados, y las abejas envenenadas: “Es algo muy fuerte, a partir de que las abejas se vayan extinguiendo, lo sabemos, también nosotros nos vamos ir acabando”.

    Araceli explicó que existen múltiples complicaciones que les han traído los monocultivos como el desvío de una gran cantidad y uso de agua y al estar contaminada por fertilizantes y agroquímicos, las abejas enferman al polinizar y mueren, los animales como las vacas se enferman al beber esa agua y posiblemente quienes coman la res, también.

    Legumbres, maíz y alfalfa se beneficiaban con el riego del agua del “Tanque del Agua Azul” en Atoyac cuando el papá de Doña Coco cultivaba. La gente aprovechaba para su esparcimiento e incluso, comenta ella, recibían a muchos turistas. “Para nosotros fue algo tan hermoso vivir todo esto, y hoy les comparto que tristemente hemos terminado así. Ya no alcanzamos a tomar fotografías pero ahorita ya está totalmente seco, agrietado el lugar, donde estaba este hermoso tanque del agua azul”.

    “Es muy triste y vamos avanzando muy rápido. Sabemos de dónde viene todo, cómo viene y pues, si no paramos esto señores, no sé qué va a pasar”

    Araceli Paniagua

    TIERRA

    “También hay una extinción silenciosa, de algo que no supimos cuidar, que fue nuestro y no supimos defender… y se sigue extinguiendo día con día y son las plantas medicinales”, dijo Eva Villanueva de Ciudad Guzmán.

    Ella se centró en un llamado a la organización colectiva, al apoyo de las luchas en defensa de los pueblos, señalando que los cambios requieren de acción y que esperanzarse en las soluciones propuestas por quienes están en el poder (instituciones de gobierno o las mismas empresas) es tiempo perdido. En su enfoque como partera dedicada además al rescate de plantas medicinales, compartió: “Se están extinguiendo los hongos, las plantas medicinales silvestres, que tienen un gran potencial y que fueron heredados por nuestras culturas. A lo largo y ancho del país, esto es una constante”. 

    Sobre el panorama general de Ciudad Guzmán, al que refirió como “el gigante agroalimentario”, habló de un lago contaminado con metales pesados y sedimentación, a causa de los invernaderos de alrededor, lixiviados contaminantes y deforestación por sobreexplotación inmobiliaria. Eva resaltó además el derecho al medio ambiente sano, a los espacios de esparcimiento como áreas verdes y acceso a medicina natural “plantas medicinales silvestres”.

    “Si nosotros no tomamos nuestra salud en nuestras manos, nadie lo va a hacer y no puedo decir que es lucha porque uno se va enamorando”

    Eva Villanueva

    Compartió sentipensares sobre su ocupación de siembra de farmacias vivientes, la invitación a contribuir al cuidado pensando en los seres no humanos, plantando árboles frutales y flores para los polinizadores, teniendo presente que los animales del bosque, como los venados, bajan en busca de agua a los pueblos porque en sus hábitats ya no tienen las condiciones necesarias para sobrevivir. Eva advirtió del riesgo de pensar exclusivamente en nuestro bienestar al defender el territorio.

    Por su parte, Tere Jamaica, del pueblo Anahuaca, municipio de Hostotipaquillo, explicó que el grupo COANZAMEX, filial de GoGold Resources Inc, la minera que actualmente está ensañada con Hostotipaquillo, amenazó de muerte a Tere Jamaica hace un año, por lo que tuvo que migrar a otro municipio. También comparte que deben pagar “cuota” por la pesca, pues el crimen organizado se ha inmiscuido incluso en esta actividad. Pide un alto a las actividades extractivistas, exigiendo a las autoridades que hagan frente.

    “Nos dejan muy pocas posibilidades de vida, ya no basta solo con el narco, ya no basta solo con la minería, ahora llegan los agaveros. Ahora ha llegado también a la zona valles la agricultura de la muerte que son los berries y todas esas pasiones de los países extranjeros, de los blancos que se llevan toda nuestra riqueza”

     Tere Jamaica

    «Lo que nosotros exigimos desde nuestro poder y nuestro carácter ecofeminista es que las autoridades en su calidad de servidores y servidoras públicas paren los proyectos extractivistas y que en general nos despojan, y apoyen la agricultura para la vida. El rescate de las tradiciones propias de nuestros territorios. Que se destine y aplique para la cultura y la defensa de nuestros territorios», exigió Tere Jamaica. «¡Queremos salud digna! Salud que no venga de intereses particulares. Recuperar nuestra salud, la sabiduría de nuestras ancestras y nuestros ancestros, ¡nosotros no necesitamos a las farmacéuticas, las farmacias las teníamos en nuestras comunidades!».

    AGUA

    Sofía Atahualpa hizo un pronunciamiento desde la resistencia cotidiana “por una vida digna”. Defensora de El Salto y Juanacatlán, compartió una sabia y dolorosa reflexión para dar cierre a las participaciones.

    «Nacimos en El Salto, Juanacatlán, al borde de la ribera del río Santiago, sus arroyos, sus humedales, sus charcas y lagunas, cuerpos de agua que naturalmente daban vida a nuestro territorio. Lugar donde nos arraigamos y desarrollamos nuestra identidad y nuestras vidas. Hoy, el agua, esa composición perfecta de hidrógeno y oxígeno en nuestro territorio no significa que tenga la mezcla para dar la vida. Esta agua dadora de vida se convierte en una herramienta de dominación para quien no puede pagarla. El agua de calidad es para la zona industrial que requiere inocuidad para la producción, en cambio, para quienes habitamos el territorio es agua cargada de arsénico por sobreexplotación de los mantos acuíferos, de coliformes fecales por la infiltración de los cuerpos de agua cargados de contaminantes».

    «El agua casi extinta es suplantada por una carga de metales pesados, bacterias, contaminantes diluidos en ella. Nuestro territorio es una zona de sacrificio, un paraíso industrial, un infierno ambiental, vivimos en un estado de sobrevivencia. Despertamos a la madrugada para llenar los tambos que nos ayuden a tener agua durante unos días, si no es que nos despertó antes el mal olor; en competencia constante por ser beneficiarias de la naturaleza atravesadas por el despojo».

    «Al río, esa mujer serpiente que nombraban nuestras abuelas, le han quitado el cauce y el caudal, dejándolo sin latidos, lentamente han desaparecido el agua verde que representa la humedad en nuestro territorio. Lo que tristemente pasa a nuestro territorio es algo que padecen nuestros cuerpos, la contaminación ha tocado nuestras casas, nuestras familias imponiendo enfermedad y muerte. Genera un sobreesfuerzo que implica vivir en condiciones de devastación de nuestros ríos, cerros, sueños, aire, flora y fauna«

    Sofía Atahualpa

    La habitante y defensora del río Santiago continuó: «Los gobiernos e industrias han estado conscientes de la explotación natural-laboral que hacen a nuestras vidas, convirtiendo está forma de vida en una ganancia inmediata para ellos. Nos percibimos llenas de rabia, de fuerza, de urgencia y necesidad por asegurar la no repetición, resistimos cotidianamente el embate. Buscamos, generamos y movilizamos la información como herramienta de defensa, rompemos con la dictadura de la normalidad y apostamos por gritar tan alto que no sea posible que lo que sucede en nuestro espacio no se repita en otras geografías.

    «Seguimos levantando la voz, reproduciendo la vida, luchando por una vida digna, por las que hoy nos faltan, por las que se fueron sin querer con un cáncer fulminante, por las madres que enterraron a sus hijas por el daño renal, por las niñas que sufren las enfermedades que generan los disruptores hormonales».

    POR UNA VIDA DIGNA

    Resonaron así los mensajes que compartieron las defensoras. Llenos de amor por la vida, algunos con rabia, nostalgia, dolor, pero todos con ese amor en común. Resuenan en su cotidiana resistencia e inspiran con la consigna “sin naturaleza no hay cuerpos”, que nos habla, como sus valiosos testimonios, de la vinculación que se niega en la inmediatez de las vidas preconstruidas, aceleradas y enajenadas, pues aún sin saberlo claramente, estas vidas son más que un espejo, un caleidoscopio de las múltiples realidades, entornos, ambientes sometidos.

    Esperamos que las palabras de las defensoras sigan resonando, como lo hicieron en su contingente en la marcha del 8M en Guadalajara. Que resuenen sus mensajes y que la red crezca porque como mencionaba Eva Villanueva: “una sola es invisible pero juntas somos invencibles”.

    Que las escuchen tan claro que no tengan que decirlo nuevamente. Que resuenen las voces de las mujeres que defienden el aire, la tierra y el agua con ese fuego interno siempre encendido.

    1. Estudiante de Sociología en la Universidad de Guadalajara e integrante del Observatorio sobre Conflictos Socioambientales y Defensa de Activistas. ↩︎
  • ¿Quiénes somos?

    ¿Quiénes somos?

    Somos el Observatorio sobre Conflictos Socioambientales y Defensa de Activistas.

    Este espacio está integrado por estudiantes y docentes de la Universidad de Guadalajara con interés por investigar, difundir y acompañar distintos procesos locales de resistencia, defensa del territorio y lucha por el medio ambiente.

    Centramos nuestro trabajo en observar y acompañar conflictos socioambientales en Jalisco y el Occidente del país, aunque mantenemos nuestra atención e interés en otros conflictos a lo largo de América Latina y el mundo.

    El observatorio forma parte del Departamento de Sociología del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara.

    ¿Qué hacemos?

    • Monitoreo de medos de comunicación.
    • Difusión de trabajos periodísticos sobre conflictos socioambientales y agresiones contra activistas y defensores del territorio.
    • Contribuciones con medios de comunicación y organizaciones con interés en la difusión de temas ambientales y trabajo colectivo en defensa de derechos.
    • Investigación y documentación propia sobre conflictos socioambientales en el Occidente de México.
    • Acompañamiento a organizaciones ciudadanas, colectivos y agrupaciones involucradas en la defensa del territorio.
    • Organización de foros de discusión, eventos, recorridos y acciones de incidencia para buscar que la sociedad en general y la comunidad universitaria en particular se involucre en los conflictos socioambientales presentes y que les afectan directamente.

    ¿Qué entendemos por conflicto socioambiental?

    Entendemos los conflictos socioambientales como disputas políticas y públicas ligadas con el acceso y control de los bienes naturales y del territorio.

    Estos conflictos suponen intereses y valores divergentes por parte de los actores enfrentados, donde generalmente existen contextos de asimetría de poder, por lo que la ciudadanía, colectivos y agrupaciones de personas afectadas suelen estar en desventaja.

    Dichos conflictos expresan diferentes concepciones sobre el territorio, la naturaleza y el ambiente, así como en ocasiones se reivindican formas de incidencia en los asuntos públicos ligadas a la democracia participativa y directa.

    Revisar: Fontaine, G. (2003). Enfoques conceptuales y metodológicos para una sociología de los conflictos ambientales.

SOBRE EL OBSERVATORIO

El Observatorio sobre Conflictos Socioambientales y Defensa de Activistas es parte del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUSCH) de la Universidad de Guadalajara.

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